¿Quiénes son los ganadores cuando el gasto militar se agiganta? ¿Quiénes se cebarán de una nueva carrera por la supremacía armamentística? 100 empresas de armas y servicios militares del mundo facturaron 592,000 millones de dólares en 2021, lo que supone un aumento del 1,9 % respecto a 2020. Este dato ofrecido por el SIPRI es de finales del 2022. ¿A cuánto ascenderá en los próximos meses gracias a la guerra entre Israel y Hamas, a la guerra en Yemen y a otras zonas con situaciones volátiles? ¿Hasta dónde llegaremos?

¿Cuáles son esas empresas y de dónde proceden? De la lista de 100, 40 son de Estados Unidos. En 2021 facturaron 299,000 millones de dólares.  China avanza en la carrera: “Las ventas de armas combinadas de las 21 empresas de Asia y Oceanía incluidas en la lista Top 100 alcanzaron los 136,000 millones de dólares en 2021, un 5,8 % más que en 2020. Las ocho empresas de armas chinas incluidas en la lista tuvieron unas ventas totales de 109,000 millones de dólares, lo que supone un aumento del 6,3 %. en 2021”[1].

¿Quiénes suelen ser los que pierden? Los más pobres, los debilitados por sistemas tiránicos, las niñas, niños, mujeres, la población sin armas y sin socorro efectivo, la obligada a huir o perecer. En Siria, en 2022, las víctimas fatales del conflicto bélico superaron la cifra de 300,000. Los muertos a partir del inicio de esta guerra suman más de 600,000. Los desterrados, desplazados, refugiados ascienden a muchos millones. Hoy se ven pocos titulares sobre ese desastre. Después nos enfocamos en Ucrania. Ahora en la franja de Gaza. ¿Es la guerra también un negocio mediático?

La sabiduría popular y sentencias antiguas sintetizan el carácter y las consecuencias de la guerra. “Quien a hierro mata a hierro muere”. “Preferiría la paz más injusta a la más justa de las guerras” (Cicerón).  “La guerra es asesinato organizado y tortura contra nuestros hermanos”. (Alfred Adler). “La primera víctima de la guerra es la verdad” (Esquilo).

En la guerra los que vencen llevan en su corazón, en su conciencia, una ominosa carga hasta el fin de sus días. Fardo y camino que, en la mayoría de los casos, nunca eligieron. Ni siquiera fueron fanáticos o portadores de ideas incendiarias. Fueron arreados. O hechizados por arengas, como el personaje de Viaje al fin de la noche, en la novela de Ferdinand Céline, escrita después de haber perdido buena parte del cerebro en la guerra, a la que fue como un mozo ilusionado y de la que escapó empavorecido, dispuesto a la cobardía, a la mentira y a la deserción con tal de huir de ese infierno.

Generar odio, humillar, aplastar, es sembrar vientos. La cosecha de tempestad no se hará esperar. Lo penoso es que afectará a muchos que se opusieron a esa siembra. La ceguera febril, en estos casos, se torna contagiosa. La extraña dialéctica de las confrontaciones hace pensar en que muchas veces se pierde ganando, otras se gana perdiendo. Algo ya expresado por Lao Tse más de dos milenios atrás. Algo que, en realidad, todos hemos comprobado alguna vez.

El fanatismo tiene muchas caras y todas ellas portan peligrosos deslumbramientos, resbalones de la moral y la ética, incluso de las creencias, hacia fosos profundos. E, irremediablemente, pérdida de sensibilidad, de esa que nos hace humanos.

Es oportuno recordar la muy difundida aserción de Voltaire al respecto: “El fanatismo es a la superstición lo que el delirio es a la fiebre, lo que la rabia es a la cólera. El que tiene éxtasis, visiones, el que toma los sueños por realidades y sus imaginaciones por profecías es un fanático novicio de grandes esperanzas; podrá pronto llegar a matar por el amor de Dios”.

Concluyo estas notas con un fragmento del poema “Guerra”, de Miguel Hernández, víctima, como García Lorca y muchos otros poetas de la maldad que incuban los procesos bélicos y la ojeriza hacia las mentes libres:

Alarga la llama el odio
y el amor cierra las puertas.
Voces como lanzas vibran,
voces como bayonetas.
Bocas como puños vienen,
puños como cascos llegan.
Pechos como muros roncos,
piernas como patas recias.
El corazón se revuelve,
se atorbellina, revienta.
Arroja contra los ojos
súbitas espumas negras.

La sangre enarbola el cuerpo,
precipita la cabeza
y busca un hueco, una herida
por donde lanzarse afuera.
La sangre recorre el mundo
enjaulada, insatisfecha.
Las flores se desvanecen
devoradas por la hierba.
Ansias de matar invaden
el fondo de la azucena.
Acoplarse con metales
todos los cuerpos anhelan:
desposarse, poseerse
de una terrible manera.

Desaparecer: el ansia
general, creciente, reina.
Un fantasma de estandartes,
una bandera quimérica,
un mito de patrias: una
grave ficción de fronteras.
Músicas exasperadas,
duras como botas, huellan
la faz de las esperanzas
y de las entrañas tiernas.
Crepita el alma, la ira.
El llanto relampaguea.
¿Para qué quiero la luz
si tropiezo con tinieblas?

Pasiones como clarines,
coplas, trompas que aconsejan
devorarse ser a ser,
destruirse, piedra a piedra.
Relinchos. Retumbos. Truenos.
Salivazos. Besos. Ruedas.
Espuelas. Espadas locas
abren una herida inmensa.

Después, el silencio, mudo
de algodón, blanco de vendas,
cárdeno de cirugía,
mutilado de tristeza.
El silencio. Y el laurel
en un rincón de osamentas.
Y un tambor enamorado,
como un vientre tenso, suena
detrás del innumerable
muerto que jamás se aleja.

[1] “Crecen las ventas de armas de las empresas de la lista top 100 de SIPRI a pesar de los contratiempos en la cadena de suministro”. Instituto Internacional sobre la Paz de Estocolmo (SIPRI), 5 de diciembre 2023. https://www.sipri.org/sites/default/files/2022-12/2022_sipri_top_100_pr_sp.pdf


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