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¿Quién es Ángela Hernández Núñez?

Premio Nacional de Literatura 2016. Nació en Buena Vista Jarabacoa, República Dominicana, 6 de mayo de 1954. Graduada con honores de Ingeniería Química. Narradora y poeta. Apasionada del cine y la fotografía. Textos de su autoría se han traducido al inglés, francés, italiano, islandés, bengalí y noruego. Se incluyen en importantes antologías. Es Premio Cole de novela corta, a la novela Mudanza de los Sentidos, 2001; dos veces premio nacional de cuento. Su libro Alicornio mereció el premio nacional de poesía.

Estéticas transmodernas: el caso de algunos poemas de Ángela Hernández

Autorretrato AHN






Ester Gimbernat González en Rusia






Por Dr. Ester Gimbernat González
Editor, Confluencia
Professor Hispanic Studies
University of Northern Colorado

¿Cómo pensar el presente de los estudios críticos y teóricos literarios  desde un paradigma diferente? ¿Cómo armar una estética particular que corresponda a la nueva gnoseología surgida de la globalización? ¿Cómo hacerlo referido a la literatura de  Hispanoamérica, del Caribe, de la  República Dominicana? Debo agregar a estos cuestionamientos, por la importancia que tienen para mis investigaciones ¿cómo repensar la ginocrítica frente a la globalización e interpretar textos escritos por mujeres?   La crítica literaria y la teoría, como lo señala Rita Felski, “simplemente son el proceso de reflexión sobre los marcos subyacentes, principios y supuestos que dan forma a nuestros actos individuales de interpretación”.  Desde hace años leo con placer e interés la literatura producida por escritoras dominicanas, especialmente las poetas, aunque he analizado novelas y cuentos de varias de ellas. Mis áreas de estudio de la literatura dominicana se limitan, por lo tanto, a un pequeño grupo de escritoras contemporáneas: lo advierto de antemano por el conocimiento más reducido que tengo de otras manifestaciones literarias del país.
A través de los años me he preocupado y enfrentado al cuestionamiento perentorio de cómo y quiénes compaginan desde adentro los códigos de interpretación de la literatura dominicana, para luego poder barajarlos con mis hipótesis enunciadas desde afuera. Desde la investigación para mi estudio sobre la obra de las poetas dominicanas de los 80, publicado en el 2002, he perseguido con cierto empeño topológico, un nuevo o más complejo acercamiento al análisis de los textos. Nunca he perdido de vista la propuesta de Ángela Hernández en su discurso fundacional de un grupo de escritoras de los 80/90, cuando dijo “en este final de milenio, no vale la pena los asideros desesperados. . . .Estamos abocadas a desanclar. . .Se trata de sabernos sujetos y no piezas que un ineluctable viento histórico dispersa en un siglo y un lugar”(xiii). Este desanclar que consideré básico entonces ha ido todavía más allá que el ya acertado comentario de la crítica Daisy Cocco de Filippis cuando señaló a fines del siglo XX que “La dominicana que escribe hoy día tiene un concepto amplio del mundo”(Sin otro profeta….31). 
Desanclar y expandir horizontes de escritura desde la propia insularidad ya inmersos en el siglo XXI me hace enfrentar a la inevitable incidencia de la globalización en el acercamiento crítico a la nueva producción poética de algunas escritoras dominicanas. Porque obviamente como lo expresó Fredric Jameson: “cualquier conversación  sobre el futuro debe primero confrontar la globalización como su horizonte absoluto. . .este nuevo fenómeno debe ser apresado dialécticamente, o en otras palabras como la unión de los contrarios, como algo que puede ser celebrado y a la vez causar un miedo distópico y profético” (mi traducción 375).  Así me he preguntado como el desanclar de la insularidad sería clave para plantear la unión de contrarios que lo hace locus de la enunciacion frente al fenómeno de la globalización.
Entre tantos caminos de reflexión posibles me he interesado en la llamada transmodernidad que se ofrece como una opción de interregno, de un mientras tanto, de un tránsito entre los modelos y prácticas de los últimos tiempos. La transmodernidad  lleva en su nombre un ‘trans’ en el cual la mexicana Marisa Belausteguigoitia Rius reconoce un nuevo campo epistemológico. Para ella lo ‘trans’ es el prefijo que hay que considerar, no es un ‘post’ que revoluciona lo previo, sino un “más allá de”, con el que se genera otro territorio. Según su propuesta, lo ‘trans’ aplaza o desplaza, se cambia la perspectiva del sujeto y su relación con el objeto, generando el campo de existencia de un algo complejo. Para Belausteguigoitia es “un territorio en el que puede superarse las identidades binarias y opuestas de raza o de género creadas por el paradigma nacional. Piensa entonces en un tipo de modernidad que puede acoger otros sujetos y nuevos conocimientos creados a partir de esas nuevas subjetividades”(Gutiérrez Filosofía y ...s/n).
Me interesa de su propuesta el énfasis en superar las identidades binarias referidas al género y los ‘paradigmas nacionales’ para arriesgar formas alternativas de compromisos estéticos (Felski 4), que son un modo diferente de desanclar.
El reconocido filósofo mexicano/argentino Enrique Dussel ha propuesto una forma de acercamiento al pensamiento crítico y filosófico que también ha llamado transmodernidad. Según lo plantea en sus escritos sobre filosofía de la teología de la liberación, esta ‘transmodernidad’ procuraría ejercer una razón utópica desde el respeto a las particularidades, más allá del concepto hegemónico basado en el dominio y la exclusión del Otro: tales como las mujeres, los marginales de la periferia, los indígenas, el pueblo y los pobres. Para Dussel, si bien entiendo, la transmodernidad funciona como un medio de localización y hallazgo de lo hispanoamericano, un modo de autonominación que revela “las diversas formas en que nuestra propia territorialización nos ha llevado a la desterritorialización de los demás. Implica afirmar lo negado, lo oculto por la modernidad y lo rechazado por la postmodernidad” (s/n, blog de Anani Gutiérrez).  Vemos, así, una aplicación práctica y comprometida considerando la noción de localidad que Dussel introduce; no sólo la ‘territorialización’ y ‘desterritorialización’ deleucianas de mil planicies, sino una ‘trans-territorialización’ transmoderna, ancha y no ajena. Su propuesta resulta apropiada como un modo diferente de acercamiento e interpretación de la literatura escrita por mujer, frecuentemente en el territorio del ‘otro’, conmoviendo el modelo de centro y periferia al que este reclamo remite y que de algún modo nos devuelve a aquella esfera de Pascal que evocaba Borges cuyo centro estaba en todas partes y su circunferencia en ninguna.
Rosa María Rodríguez Magda, la reconocida filósofa española fue la primera en poner en circulación el concepto de ‘transmodernidad’ en una de sus conversaciones con su colega y amigo Jean Baudrillard. A fines de los 80 en su libro La sonrisa de Saturno: Hacia una teoría transmoderna redondea y presenta tal concepto, que ha seguido elaborando hasta la aparición de su reciente libro Transmodernidad. Con el empleo del término ella también da énfasis a la riqueza conceptual connotada en el prefijo «trans», que entraña tanto el fluir que no se estanca, una forma de continuación y superación, como la transformación, que remite al dinamismo sustancial y al cambio sociológico (ver León 244). Poéticamente lo había enunciado Sherazada Chiqui Vicioso cuando en su “Poética II” dice: “Un estar sin estarse/ incorpora los signos.”  La transmodernidad es ese ‘estar sin estarse’ que presenta las alternativas, el camino ecléctico, diversas posturas, una suma polifacética de lo mejor que se nos ha legado en crítica literaria y en filosofía.
Me interesa que lleva en sí un afán cambiante, en acción, para indagar la situación presente en su ir ‘hacia’.  Es un punto de no retorno ante certezas pasadas, y a la par una lucha por salir de la trivialidad. Tiene una vertiente descriptiva, tendiente al análisis de los fenómenos sociales, gnoseológicos, vivenciales; una exigencia de conocimiento y un interés de superar fronteras delimitantes, dentro de un compromiso ético, político y estético. Al ser trans-moderna implica que transforma y también trasciende la modernidad en crisis, para así retomar sus desafíos más acuciantes como los de la igualdad, la libertad, la justicia.  A la vez, lo transmoderno involucra la crítica postmoderna, logrando una nueva línea de sus teorizaciones. Como los señala Rodríguez Magda: “la Transmodernidad como nuevo paradigma presenta un modelo global de comprensión de nuestro presente, aportando aperturas de desarrollo a todos los niveles, sin falsas clausuras gnoseológicas o vivenciales". Es decir que corresponde a la zona contemporánea transitada por todas las tendencias, los recuerdos, las posibilidades; es transcendente y aparencial a la vez, voluntariamente sincrética en su “multicronía”. No es un deseo o una meta, simplemente está, como una situación estratégica, compleja y aleatoria no elegible; ... y es todo eso juntamente...(“Filosofía....”Blog 5/09).
En la transmodernidad hay complejas y profundas zonas de conocimiento cuyo sentido y proyección no puedo ni empezar a delinear en esta presentación, pero me voy a circunscribir a datos provenientes de la misma, que me convidan a lecturas renovadas de la poesía de mujeres, a la par que continuo en la línea del desanclaje que marca ambigua y retadoramente los efectos de separarse de lo insular, de tender hacia lo otro.
Parto de algunos de los datos dados en una larga lista tripartita que Rodríguez Magda presenta en su libro Transmodernidad y que confecciona, adjudicando a modernidad, postmodernidad y transmodernidad áreas relacionadas entre sí que definen cada momento pertinente  del saber o del ser. De las numerosas posibilidades que ofrece me detendré en lo glocal y en lo transnacional, conceptos relacionados con lo territorial en sentido literal y figurado, a la par  ambos indicadores de relaciones entre lo local/lo nacional y los efectos de la globalización.
A la ‘ubicuidad nacional’ de la modernidad corresponde la ‘posnacionalidad’ del posmodernismo y lo ‘transnacional’ de la transmodernidad.  En la otra tríada,  a lo ‘global’  de la modernidad, le corresponde lo ‘local’ de la postmodernidad, y lo ‘glocal’ de la transmodernidad, propiciando con ‘glocalización,’ un equilibrio entre los intereses, ámbitos, planteos y encrucijadas entre lo local y lo global. Sendos conceptos en conjunción con la globalización han provocado que las identidades culturales (nacionales, étnicas, regionales…) se conviertan en protagonistas activos de la política y de la dinámica social, provocando resistencias y alteraciones violentas en todos los rubros. Muestra la globalización que cualquiera acción toma lugar en muchos lugares al mismo tiempo y no son ecos o reverberaciones unas de otras, porque esa simultaneidad es consecuencia de que los lugares están interconectados, logrando que lo local se vuelva lo translocal.  Así, la condición de la realidad en transformación constante, es transcendida al volverse parte de un todo interconectado que se reajusta incesantemente al nivel global. 
De la transitividad transmoderna que atraviesa estas nociones surge lo glocal reemergiendo de lo local sin negar lo global, volviéndose un concepto esperanzador que suaviza la tensión entre global y local. Sin volver atrás, de todos modos, rescata y continúa con dejos de la modernidad y la posmodernidad, yendo hacia una conjunción de las áreas de lo local y lo global en sus sentidos más dinámicos y mutables. La glocalidad se vuelve un nuevo modo de pensar la realidad móvil que traspasa los bordes, fluye, inestable e interconectada.
En los últimos años muchas páginas se han dedicado en revistas académicas a la literatura, la lectura, la interpretación crítica en la época global. Por ejemplo en el 2008 New Literary History dedicó un número a este tema. En esa revista David Damrosch señala que ‘en su doble y aún múltiple naturaleza, la literatura provee un caso destacado de simultánea localización de lo global y globalización de lo local”( mi traducción 492). Para citar otro ejemplo, Wai Chee Dimock señala que “para que el concepto de variacion local tenga sentido, tiene que haber un universo mayor”(mi traducción 620).
En el verano del 2011 esa misma revista académica dedicó un número a lo transnacional. Según Wilfred Fluck, el acercamiento transnacional, implica ir más allá de los límites de lo nacional, que junto a otros fenómenos históricos se resituarán en contextos mayores respondiendo a los movimientos de la gente, el dinero, el conocimiento, la información que no responden a unidades políticas simples. De tal modo lo transnacional no puede separarse de lo nacional que es de donde parte, porque cada uno constituye al otro y a la par ambos permanecen interdependientes. Insiste Fluck que el proyecto transnacional no puede confundirse con un ingenuo e inocente gesto de expansión cosmopolita de los horizontes interpretativos, porque en sí debe llevar la meta de una múltiple y compleja reconceptualización o el dinamismo esencial (‘essential dynamism’) que le otorga Caroline Levander.  Este presupuesto se encuentra en la encrucijada de las culturas y lleva a la aceleración de toda clase de aperturas, no solo la de los límites de la nación, sino la de ricos archivos que fructifican con la diversidad producida por los encuentros e intercambios prometedores de experiencias mas significativas y plenas.  La estética transnacional resulta en consecuencia un regreso a una plenitud rejuvenecedora rescatada por el vigor multicultural, opuesta a un nacionalismo de miras limitadas, repetitivas e intolerantes. Tal estética refiere a una extensión de las promesas de diversidad que están más allá de la frontera de una zona o un país, revitalizando la fascinación de lo propio y lejano en todos los modos posibles de la expansión de la acción.  Por supuesto, surge la dicotomía  de la formación de la identidad de la nación, asociada con lo estable, monolítico y la incomodidad que una identidad transnacional provoca al desestabilizarla, siendo una precondición para retomar control de la creación y el objeto estético.
Aunque tanto la glocalidad y lo transnacional resultan de la preocupación de conjugar los polos de lo autóctono con lo foráneo, la glocalidad enfoca más la marca de lo local traspasado y redefinido por la experiencia global, mientras que lo transnacional es el camino para  alcanzar lo otro que hay en la esfera global partiendo de lo nacional.
La mayoría de los teóricos de lo transnacional escriben desde el primer mundo, y pocos de ellos están preocupados por lo que es escribir desde Hispanoamérica y hacer crítica de esa literatura. Sin embargo, muchos son los pensadores y críticos hispanoamericanos, como Walter Mignolo, Ileana Rodríguez, Alberto Moreiras, Javier González, Doris Sommer, Juan Duchesne, Cynthia Tompkins, Ignacio López-Calvo, por nombrar a algunos, preocupados por la globalidad (negativa o no), el universalismo, fisuras narrativas, lo pluriversal o por el regionalismo crítico, lo transnacional, acercándolos a las necesidades de nuevas lecturas críticas.
He estudiado últimamente algunos poemas de Ángela Hernández en los que sobresale un tramado textual con la filosofía y estética oriental,  que analizo desde los presupuestos de lo glocal y lo transnacional.  En esta presentación sólo me dedicaré a un poema muy breve pero densamente cargado de sentidos llamado “En el vacío”, que  leo a continuación:
En el vacío

Suspendido
tal la palabra
herencia,
el bejuco
delata cuán escarpado
el camino en el crepúsculo

Desde abajo, el ojo
abreva.

“En el vacío” hay profundos cambios de lo que encontrábamos en el poemario Arca espejada(1994) de Ángela Hernández. En aquel proliferaba la insistencia de lo mutable, del cambio que llega hasta desde las cosas que parecerían más bien servir de referencia objetiva y confiable por su inmovilidad (La poesía….74-5), En Arca espejada los poemas surgen de un lugar que no tiene límites conminantes a la reducción, y cuyo sino es la dispersión de la nube, la forma despreocupada e indescifrable del oleaje marino. Aquellos poemas marcaban un territorio de transparencias alarmantes, con códigos de todavía una incierta inscripción que desanclaban de sus límites. Aquellos territorios se confundían al definirlos en el último verso del poemario: “soy extranjera sobre mis raíces”(40). Tal extranjeridad incompatible con raíces, desfasaje de coincidencias señalaba a lo que en mi estudio llamaba un ‘no-lugar’.
En el poema “En el vacío” ya no hay cuestionamientos de extranjeridad ni conflictos entre lo propio y lo ajeno. Porque convocando los principios más básicos que nos permiten entrelazar la glocalidad y lo transnacional, avanzo e interpreto lo que ha dejado de ser la búsqueda de un ‘no-lugar’ para trazar un espacio glocal y transnacional con su carga de archivos eclécticos y enriquecedores de estéticas múltiples.
“En el vacío” por su brevedad hay una concentración de información y sentidos: están las presencias superpuestas de la naturaleza del Caribe (el bejuco) y de la pintura china.  El título señala sin duda al  wuji (perdon mi pronunciación) que significa en el Taoismo el vacío, la infinita nada de la cual todo proviene. También este concepto está asociado con un estado de conciencia en el cual el observador no se distingue de lo que observa. Los disciplinados practicantes pueden llegar a ser uno con el universo, pero este poema más bien es una experiencia espontánea de un estado de conciencia frente a una pintura china, que puede ser a la vez un paisaje dominicano o caribeño.
En el poema están señalados los planos con el “camino escarpado” y “desde abajo”, tal dimensión de espacio, sugiriendo montaña es un dato inseparable del shan shui, estilo tradicional de la pintura china. Muy influida por el simbolismo del taoismo las imágenes que presenta no intentan copiar la naturaleza, sino lo que piensan sobre la naturaleza. Ante la pintura o el paisaje el poema selecciona aspectos, cualidades, perspectivas, pero fuera del bejuco y su camino escarpado, no hay otro elemento para el paisaje, lo que concuerda con la filosofía oriental que propone que todo lo que se describe  sólo puede ser desde un punto de vista relativo, porque nada de lo que puede ser descrito  tiene una existencia inherente, se describe en relación a algo más, en sólo un aspecto. Este es el ojo que abreva del final, que en su posición inferior (desde abajo) se nutre de lo que relativamente puede percibir, el bejuco. Este nombre botánico proveniente del Caribe es lo que mantiene la visión reptante que en una pintura china sería el agua de la cascada. Montaña y cascada frente a la dimensión del ojo que abreva serían un modo de presentar la idea taoista de que el ser humano no es más que una minúscula presencia en medio de la inmensidad del cosmos. Pero si el objeto natural es un bejuco la dimensión se reduce, y sin embargo el ojo que abreva logra una perspectiva de proporciones.
El comienzo del poema enfrenta a lo suspendido, a lo que no cambia, a lo ya expresado o terminado, pero referido a bejuco se relaciona a la herencia, escrita en itálicas en el poema.  Esa bisagra dentro del texto es la que arma los territorios de las coincidencias entre lo propio, el bejuco , y los territorios transnacionales.  Las herencias son tanto de aquí como de allá, están suspendidas entre esto y lo otro, son las propias en el asidero escarpado del bejuco que busca alturas, y las tradiciones compenetradas de simbolismos y sentidos de la pintura china. La voz poética no se desenmascara, y sin embargo se auna al ojo que abreva, cristalizando una compleja experiencia estética que  expande una insinuación de formar parte de una comunidad más amplia, más abarcadora, una estética de zona ilimitada. 
“En el vacío” es un ejemplo de cómo un poema entreteje lo local con lo global en herencias diversas que son mutuamente dependientes, nutriéndose entre sí en transformaciones relativas,  abrevando en los aspectos del otro.
Lo nacional se aposenta con su herencia en el bejuco trepador, pero en el intento de hacerlo paisaje reverente permite que el ojo lo recree y sacie su necesidad de trascender al ligarlo a una tradición tan antigua como el weji o el shan shui tradicional chino. Este vacío, como termina diciendo en otro poema llamado “Tai Chi”: “Vacío, a retornar repleto”.
En este poema de Hernández, podemos coincidir con un comentario de Nirvana Tanoukhi que al hablar de literatura poscolonial mencionaba que la naturaleza de la adaptación de formas extranjeras a la realidad local, traza ‘dos puntos de vista contradictorios de la cultura, mirando hacia afuera del dominio espiritual, en el que la cultura se acerca a un espacio defensivo que necesita ser protegido y diferenciado de la esfera exterior, mientras que la mirada hacia dentro, es espacio de la cultura que experimenta e innova. . . de tal modo, las literaturas serían actos locales de resistencia o apropiación” (mi traducción 610). En este poema entonces se dan como lo señalaba Belausteguigoitia un territorio en el que puede superarse las identidades binarias y opuestas de raza o de género creadas por el paradigma nacional. Logra la meta de una múltiple y compleja reconceptualización o el dinamismo esencial inherente a lo transnacional.
Sin duda, mis intentos de renovar y mejorar mi lectura y análisis de los poemas escritos por mujeres en la RD partiendo de una innegable presencia de la globalización están en proceso de ser. Por el momento son solo intentos, que me impulsan a releer, a repensar todo un corpus poético que cumplía con un propósito fundacional a fines del siglo XX y ahora leo como una vanguardia de lo glocal y lo transnacional en la RD de principios del siglo XXI.



Bibliografía
Belausteguigoitia Rius, Marisa. “Crossing Borders: From crystal to tennis shoes”. Women@Internet: Creating New Cultures in Cyberspace. Edited by Wendy Harcourt.London: Zed Books, 1999. Print.
Dussel, Enrique. Postmodernidad, Transmodernidad. México: 1999.
Rodríguez Magda, Rosa María. (www.rodriguezmagda.com)
______.La sonrisa de Saturno. Hacia una teoría transmoderna.  Barcelona: Anthropos1989.
______.El modelo Frankenstein. De la diferencia a la cultura post. Madrid: Tecnos, 1997.
_______.  Transmodernidad. Barcelona: Anthropos, 2004.
Rosa, Nicolás. Relatos críticos. Bs As: Santiago Arcos editor, 2006. Print.
_______. El arte del olvido y tres ensayos sobre mujeres. Rosario: Beatriz Viterbo editora, 2004.
_______. La lengua del ausente. Bs As: Biblos, 1997.

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