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¿Quién es Ángela Hernández Núñez?

Premio Nacional de Literatura 2016. Nació en Buena Vista Jarabacoa, República Dominicana, 6 de mayo de 1954. Graduada con honores de Ingeniería Química. Narradora y poeta. Apasionada del cine y la fotografía. Textos de su autoría se han traducido al inglés, francés, italiano, islandés, bengalí y noruego. Se incluyen en importantes antologías. Es Premio Cole de novela corta, a la novela Mudanza de los Sentidos, 2001; dos veces premio nacional de cuento. Su libro Alicornio mereció el premio nacional de poesía.

La poesía en el mundo de hoy. Foro Internacional Tradición y Ruptura en la Poesía Contemporánea.

LA POESÍA EN EL MUNDO DE HOY


(Palabras en la apertura del Foro Internacional "Tradición y Ruptura en la Poesía Contemporánea".

En Santo Domingo, hemos querido hacer un alto en el camino. Encontrarnos. Conversar. Compartir nuestros dilemas. Nuestros asombros. Nuestras creaciones. Tejer lazos comunicantes por los que circulen ideas, afectos, versos y miradas.
De este alto, nace el Foro Internacional de Poesía, el cual, distinto a otros eventos, fue definiéndose en su contenido con el pulso de las mujeres y hombres, poetas todos, convocados a participar.
En un mundo sujeto a una lógica de bruscos giros (científicos, políticos, tecnológicos, de agresiva redistribución de poderes, de cocción de conflictos bélicos) los seres humanos, no pocas veces, se sienten impotentes o arrastrados, excluidos de procesos culturales, políticos y sociales.
Hoy nos debatimos en tendencias contrapuestas, en porfía por palpar verdad. Podemos creer, por un rato, que las redes sociales han democratizado el conocimiento, la cultura, la política. Parece cierto. Pero luego ves que en Rusia hay un misterioso y enorme edificio en el que se trabaja las 24 horas. Gente joven, sobre todo, en turnos escriben sin pausa mensajes para inundar las redes sociales a favor de Putin o denostando a sus adversarios. Algo similar estarán llevando a cabo otras naciones poderosas y altamente armadas. Y de pronto se visualiza una especie de sicariato intelectual, dirigido a demoler a unos y edificar aceradas y brillantes imágenes a partir de aserrín y lodo. El conocimiento se ha democratizado, sí, y también la mediocridad, la malevolencia, el ego agigantado, el facilismo, la banalidad… 
En este contexto, no ha de extrañar pues, que las humanidades pierdan velozmente terreno frente a las carreras ajustadas a los requerimientos del mercado. Pero, ¿qué visión, a su vez, pauta los mercados? 
El pensamiento meditativo es desdeñado. Pensar, no siempre es bien visto. Poetizar, ¿para qué o quiénes? La poesía no vende. Por fortuna, tampoco se vende. Y, a contrapelo de pragmatismos, contingencias y codicia, sigue siendo el género mayor, herencia fenomenal, un modo de conocimiento; de la que se ha dicho es “memoria creadora” (O. Paz), “Religión práctica”, (Novalis).  “La poesía lleva en sí la perfecta compensación de las miserias que padecemos”, opinó André Breton. “Admito que la esencia de la poesía sea, según las diversas naturalezas de los espíritus, o de valor nulo o de importancia infinita: lo que la asimila a Dios”, concluyó Paul Valery.  
El escritor mexicano Juan José Arreola ve en la intuición poética algo que supera lo que conocemos por inteligencia:
el poeta es el que captura… ―escribe― el poeta es cenital y es abisal, viene desde el magma central telúrico y va hasta las estrellas que quiere. Esa es la polaridad poética. ¿Qué importa “arriba” o “abajo” en términos estelares? Así lo que llamamos lo más sumergido, lo más inconsciente, es en nosotros lo más alto; por eso la intuición es una forma superior de inteligencia, del capturar.  
Y mucho antes, Charles Baudelaire había señalado:
En cuanto a los que se entregan o se han entregado con éxito a la poesía, yo les aconsejo que no la abandonen jamás. La poesía es una de las artes que más reportan; pero es una especie de colocación cuyos intereses sólo se cobran tarde; en compensación, muy crecidos.
Manuel del Cabral, de la República Dominicana, recurrió a la poesía para definir la misma:
Agua tan pura que casi

no se ve en el vaso de agua.
Del otro lado está el mundo.
De este lado, casi nada...
Un agua pura, tan limpia
que da trabajo mirarla.

Hoy, es preciso admitirlo, las interrogantes sobre el lugar de la poesía en el mundo de hoy exceden en mucho a las respuestas. Por ello, en vez de proponer y asignar temas a convocados al Foro, como se suele hacer, procedimos a formular una batería de preguntas, en ningún modo restrictivas, con el ánimo de incitar a una reflexión y debate, tan provocador como fuera posible,  sobre el significado y el papel de la poesía en el mundo actual. Pistas, las preguntas, que motivaran la elección de ángulos y posibles facetas argumentativas.  ¿Propósito? Bosquejar un panorama de inquietudes, al que cada poeta sumara sus preocupaciones, quebraduras y novedades o bien lo modificara de manera parcial o por completo.

De manera tácita, todos, todas, convenidos en que la tradición porta el germen de la ruptura y que ésta no se concibe sin la tradición (por ello es tan absurdo escuchar de jóvenes renuentes a leen los poetas nacionales. Eso los condena, posiblemente, a repetir lo hecho décadas atrás o experimentar euforia por la escritura de versos que tienen el sello inconfundible de algo pretérito). Sin embargo, las aproximaciones a estos dos conceptos, tradición y ruptura, y las correspondencias entre ambos son innumerables. Es claro que no son lo mismo para un poeta maya del México de hoy, para un poeta sirio, para una poeta de la región del Tibet, para un francés, un norteamericano… Acaso tampoco revista significados parecidos para las mujeres poetas, ya que su tradición creadora tiene una historia particular (están ausentes, o figuran solo como excepción, en todos los movimientos estéticos del siglo XX y más atrás. Están compelidas, pues, a desenterrar la tradición femenina o adoptar la masculina como sinónimo de universal o a moverse entre una cosa y otra).
Justo entonces es decir que desde cualquier perspectiva, “Tradición y ruptura”, compone una excelente  sombrilla para cobijar un foro de recitales, pensamiento, diálogos y debates, en el que los poetas y las poetas son “el observador y lo observador”, “el pensador y lo pensado”. ¿Quién mejor que ellos y ellas, que portan un decir muy específico, hermanado con la verdad, humanizado y humanizante?
(Ya lo dijo Yevgueni Yevtushenko: “La autobiografía de un poeta es su poesía, todo lo demás es solamente un pie de página. El poeta debe ofrecer sus sentimientos, sus pensamientos, sus escritos. Para merecer el derecho de hablar por otros, debe pagar el precio y someterse sin piedad a la verdad”).

Vale la pena mencionar una parte de las interrogaciones lanzadas al ruedo
  •  Tradición y ruptura, ¿qué significan, qué entrañan en el Caribe y Latinoamérica, en Europa y en Oriente? ¿Algo idéntico, parecido o distinto? De haber acusadas diferencias, ¿en qué consisten las mismas?
  •  ¿Y el tiempo? ¿Qué significa el tiempo para la poeta y el poeta de hoy? ¿Cómo afectan a la creación las modificaciones profundas en la noción y percepción del tiempo?
  •   Ante el creciente influjo de la tecnología comunicacional, las redes sociales, la gravitación mediática, el cine, etc., cabe preguntarse: ¿colude la poesía, se aviene o tiende a transformarse, exhibiendo perspicacia u opacidad, con las variaciones vertiginosas del mundo actual?
  •  ¿Qué presiones tuercen, aplanan o ponen en tirantez al “tiempo”, “ritmo”, “renovación”, “herencia”, “contemplación”,  “acción”, “permanencia y fugacidad”?
  •   ¿Cuáles son las oportunidades y los riesgos derivados de las tecnologías y redes sociales? ¿Hay algo básico que aún no hemos sido capaces de captar, de descifrar?
  •  Para muchos/as, el mundo de hoy incuba peligrosos factores de guerra. El equilibrio en el planeta es precario. ¿Lo percibe el o la poeta? ¿Lo refleja o retrata la poesía? ¿Existen vislumbres que nos alertan?
  •  ¿Cuáles poderes seducen hoy al poeta y la poeta? ¿Cuáles les sustraen libertad? ¿Cuáles tienden a represar o malear el río interior de su creación?
  •  ¿Son los hombres y mujeres poetas depositarios de alguna forma de lucidez singular, de algún potencial de compasión, de alguna poderosa y singular solidaridad?
  •  ¿Qué viene a ser la poesía en el tiempo de la “economía líquida” y “relaciones volátiles”?
  • ¿Qué significa para las instituciones, los políticos y la academia?
  • ¿Cuál es el compromiso del poeta, con qué y quiénes? ¿Cuáles los reales desafíos, hoy día?


La poesía educa la sensibilidad. Y genera comunidad con los hilos sutiles de la lengua; con su plasticidad. Debería de formar parte de la “educación sentimental” (facultades afectivas) y del mejor aprendizaje de la lengua. Fomenta, de paso, la estima por la herencia cultural y la dignidad de la imaginación.
¿Por qué no leerles a las niñas y niños, cada día al acostarse, además de un cuento, un poema adecuado a su edad? ¿Por qué no dialogar, a través de un poema diario en las escuelas, de los grandes temas de todos los tiempos?

En este momento, y desde esta tribuna especial, lanzo las siguientes propuestas:

  1.      Que la poesía se integre a la educación en todas sus etapas. Empezando por los parvularios. Puesto que es un factor clave en la calidad de la educación. 
  2.      Que cada año se celebre el festival internacional de poesía. Que es un contacto de distintos pueblos, desde el alma misma.
  3.     Que todos los partidos y movimientos políticos estén obligados por leya divulgar poemas y otros contenidos culturales en todos los espacios públicos que ocupan durante los comicios nacionales. Mitad a mitad. Por cada metro cuadrado de propaganda proselitista han de poner otro metro cuadrado de poesía, arte o pensamiento.
  4.      Que el 21 de octubre y el 21 de marzo de cada año se lleve a cabo La Hora Nacional de la Poesía, tomando de referencia la que se desarrolló hoy, en el marco del Foro, en cerca de 60 centros educativos de todo el país. Que los poetas de cada región y municipio participen y den luz a esta actividad.
  1. ¡Que algunas semillas caigan en tierra fértil!

¡Qué comience la fiesta de la poesía!

Ángela Hernández Núñez
9 de octubre de 2015




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Entre las esforzadas Videntes y las subversivas inteligencias

Por Ángela Hernández Núñez Hay en la historia humana largos períodos que transcurren en lentitud y sin mayores mutaciones. Existen otros que parecen estar hechos de saltos. El Siglo XX es de vértigo:

LEONA O LA FIERA VIDA cap. dieciocho

¿Qué me sucede? ¿Quién me explica? Un licor de urgencias humedecía mi esqueleto. Me echaba a la boca puñados de semillas de girasol inflamadas de belleza. Hincada en la orilla, metía los brazos en el río para atrapar luces sumergidas. De mis cabellos mojados goteaban palabras. A Batalla la escudriñaba por largo rato, desesperando por el mensaje que se escondía en sus ojos. ¿Qué piensa Beba cuando asoma sus ojos amarillos a este río sobrecargado y frágil, manchado y reluciente? ¿Qué piensa de esta acumulación de ecos, chasquidos, música? Piensa que el caos acecha desde hace meses. Piensa que leo más libros de los que aguanto. Que las letras apiñadas en el cerebro trastornan el juicio. Que la experiencia es pequeña y complicados los mundos en las páginas. Que me ha visto cantar y gruñir mientras sueño. Que sabe del proceloso río y de sus ramificaciones. Con señas de muda, le comunico que los sucesivos cauces, meandros y quebradas pasan por mí como las sombras de las nubes sobre las montañas o el enjambre de mariposas que no hace mucho sobrevoló Quima. Que no es para asustarse ni mucho menos. Pero el formidable esfuerzo de calmarla, estando yo sobre ascuas, hace que mis apretados párpados exuden ardientes gotas. El universo se nutre de mí. Huele a mi través. Escucha. Se goza en mi existencia rasgada. A cambio, puedo hablar en la lengua de los cocuyos. Teñir mis dedos en la hierba. Morder la escama del dragón hasta triturarla. Todo para que Emilio, al fluir por mi sangre como por una quimera, donde esté sobreviva. Abro los ojos en la ignición de un sueño. Las palabras se asientan en mis labios crecidos como fruta de agosto. Me clavan sus dientecillos de leche. Peinan mi boca con plumillas de colibrí. En la lengua me incrustan brasas como granos de azúcar negra. Algunas se derriten en mi saliva, haciéndome recordar a cubitos de añil en el agua. Aun las horribles (las erizos, las bilis, las babosas, las fogaratés, las espectros) transmiten querencia, no menos que las mullidas, sugestivas, cándidas. ¿Qué me provoca este fenómeno? ¿El sufrimiento de Emilio? ¿Las resonancias de la guerra? ¿El polvo mágico con el que dedos invisibles me alargan y redondean partes de mi cuerpo? ¿La ausencia de Virgilio? ¿El declive de mi madre? ¿Las historietas, los libros? ¿Los hijos de Noraima? ¿Mi reabsorción por Quima? ¿Qué? ¿Todo junto? Era como para esconder mis ojos delatores, mi alocado semblante. Beba no debía enterarse de las metamorfosis que operaban en mí, porque entonces sí que iba a coger el monte pensando que me había picado la misma mosca de metálico brillo (la mosca mecánica, la escapada del futuro, decían) que envenenó de alucinaciones a Leoncio, el perito forestal nuero de Florinda (hasta que el tétano, cogido en una herida en la planta del pie al pisar una lata de sardina mohosa, terminó con su tortura mental y con su vida). En el canto del absurdo, me derribaba el sueño. (Tal vez mi cerebro desarrollaba trances para imponerme reposo). Por la mañana me encontraba como si saliera de una jornada en otro planeta, derivando selvosos mensajes, lenguajes fronterizos.

La cualidad de la nostalgia

Cuento de Ángela Hernández Núñez

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