La
asombrosa realidad de las cosas
Leer a
Ángela Hernández Núñez significa adentrarse en ese territorio donde la
imaginación deja de ser un ejercicio ornamental para convertirse en una forma
de conocimiento. Sus relatos no buscan sorprender mediante el artificio ni
seducir con la extravagancia. Su fuerza nace de un movimiento mucho más sutil y
profundo: desplazar apenas unos milímetros nuestra percepción hasta conseguir
que aquello que parecía perfectamente conocido revele una inesperada
complejidad. Una casa, una calle, un árbol, un cuerpo enfermo, una conversación
trivial o un recuerdo cualquiera dejan de pertenecer exclusivamente al ámbito
de la experiencia cotidiana para transformarse en espacios donde convergen la
memoria, el deseo, la culpa, la belleza, la violencia, el azar y el misterio.
Pocas
escritoras contemporáneas han construido una arquitectura narrativa tan
personal sin dejarse seducir por las modas literarias que periódicamente
proclaman la renovación definitiva de la novela o del cuento. La trayectoria de
Ángela Hernández Núñez constituye, por el contrario, una paciente afirmación de
independencia creadora. Desde sus primeros libros hasta las obras de plena
madurez, su escritura ha seguido un itinerario propio, guiado por una fidelidad
absoluta a una imaginación que jamás ha aceptado fronteras entre la poesía y la
narrativa, entre el pensamiento y la emoción, entre la realidad histórica y las
regiones más profundas de la conciencia. Esa coherencia creadora explica que su
obra ocupe hoy un lugar de referencia dentro de la literatura dominicana y del
conjunto de las letras hispanoamericanas contemporáneas. Su reconocimiento con
el Premio Nacional de Literatura de la República Dominicana vino a confirmar
una evidencia que desde hacía muchos años compartían lectores, escritores y críticos:
nos encontramos ante una autora cuya voz ha enriquecido de manera decisiva el
patrimonio literario de nuestra lengua.
Quien se
acerque por primera vez a la obra de Ángela desde estas páginas advertirá muy
pronto que la autora no concibe el cuento como un simple mecanismo narrativo
destinado a conducir al lector hasta un desenlace inesperado. Cada relato
funciona como un organismo vivo cuya respiración depende tanto de la historia
que cuenta como del clima espiritual que consigue crear. Lo visible convive con
lo latente; lo racional con lo intuitivo; el tiempo objetivo con las múltiples
temporalidades de la memoria. Nada aparece explicado del todo, porque la
realidad misma nunca se ofrece completamente descifrada. En esa renuncia
deliberada a las respuestas definitivas reside buena parte de la intensidad de
su escritura.
La
extraordinaria riqueza de su lenguaje merece una consideración aparte. Ángela
Hernández Núñez pertenece a esa rara familia de narradores que conceden a cada
frase la misma importancia que a la arquitectura completa del relato. Su prosa
posee cadencia, densidad y precisión; avanza con la naturalidad de una
conversación interior y, al mismo tiempo, con la concentración expresiva de la
mejor poesía. Cada imagen parece surgir inevitablemente de la anterior; cada
metáfora ensancha el significado sin oscurecer la claridad del discurso; cada
descripción incorpora una dimensión simbólica que nunca desplaza la verdad
humana de los personajes. Esa difícil armonía entre belleza formal y
profundidad narrativa constituye una de las mayores conquistas de su obra.
Pero acaso
el rasgo más admirable de esta escritora sea su confianza en la inteligencia
del lector. Vivimos tiempos inclinados a la explicación inmediata, al mensaje
explícito, a la simplificación de toda complejidad moral o estética. Frente a
esa tendencia, Ángela Hernández Núñez continúa defendiendo una literatura que
no clausura los significados, sino que los multiplica. Sus cuentos invitan a
regresar sobre ellos una segunda y una tercera vez, porque en cada nueva
lectura aparecen resonancias que habían permanecido ocultas. Esa capacidad de
crecimiento constituye uno de los signos más seguros de la literatura
perdurable.
La
asombrosa realidad de las cosas representa de manera ejemplar esa poética de la
revelación. Basta recorrer sus relatos para comprobar hasta qué punto la autora
convierte lo aparentemente insignificante en materia de alta literatura. Una
planchadora enferma observada por un niño destinado a convertirse en artista,
una mujer que descubre cómo su hogar ha sido ocupado por desconocidos, una
lectora atrapada entre el amor, la enfermedad y la memoria, o cualquiera de las
situaciones que atraviesan este volumen, terminan adquiriendo una dimensión que
desborda con mucho la anécdota inicial. Bajo cada historia late una
interrogación constante acerca de la identidad, el deseo, la injusticia, la
imaginación, el poder de los recuerdos y la fragilidad de nuestras certezas. La
autora demuestra una vez más que el cuento sigue siendo uno de los géneros más
exigentes de la literatura, precisamente porque obliga a concentrar en un
espacio reducido la complejidad de toda una existencia.
El
prestigioso Premio Internacional de Cuento Horacio Quiroga 2026, concedido por
un jurado integrado por destacadas personalidades de la cultura hispánica,
reconoce con pleno acierto la excelencia de este volumen. La elección del
nombre de Horacio Quiroga para distinguir este galardón añade, además, una
significativa carga simbólica. Quiroga comprendió como pocos que el cuento
exige intensidad, rigor constructivo y una economía expresiva capaz de sostener
mundos enteros en apenas unas páginas. Sin necesidad de reproducir modelos
heredados, Ángela Hernández Núñez prolonga esa gran tradición del cuento
hispanoamericano desde una sensibilidad contemporánea y una voz absolutamente
inconfundible.
Para el
Grupo Editorial Sial Pigmalión constituye un motivo de particular satisfacción
incorporar esta obra a la colección Narrativa del sello Pigmalión. Desde hace
tres décadas hemos procurado construir un catálogo que refleje la diversidad y
la excelencia de la creación literaria en español, convencidos de que editar
significa mucho más que imprimir libros: significa favorecer el diálogo entre
culturas, generaciones y tradiciones estéticas, descubrir nuevas voces cuando
comienzan su camino y acompañar a aquellas que, como la de Ángela Hernández
Núñez, han alcanzado una plenitud creadora capaz de enriquecer el patrimonio
común de nuestra lengua.
Confío en
que quienes se dispongan a recorrer estas páginas experimenten el mismo
privilegio que yo sentí durante su lectura. No el de asistir únicamente al
despliegue del talento narrativo de una escritora excepcional, sino el de
comprobar que la literatura sigue conservando intacta una de sus facultades más
valiosas: la de ampliar nuestra conciencia del mundo. Al cerrar este libro, las
cosas seguirán ocupando el lugar que siempre ocuparon. Sin embargo,
difícilmente volverán a parecernos las mismas. Y acaso esa transformación
silenciosa de la mirada sea la más alta recompensa que un verdadero escritor
puede ofrecer a sus lectores.
BASILIO
RODRÍGUEZ CAÑADA
Editor y
escritor
Grupo
Editorial Sial Pigmalión
C/. Huesca,
7
28020
Madrid
Teléfonos:
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editorial@sialpigmalion.es
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